Pero la grata sorpresa fue, que al llegar al hotel había un estacionamiento en la acera de enfrente del hotel donde dejamos el coche para sacar las maletas, tras sacar las maletas y asignarnos las habitaciones preguntamos si el coche estaría bien aparcado. La respuesta fue que podíamos dejar el coche ahí el tiempo que deseáramos. El coche estaba aparcado frente al hotel y ahí quedó durante nuestra semana de viaje. Esto significó que ahorramos el parking, un día entero en el aparcamiento del aeropuerto de Barcelona supone unos 9 euros. Por otro lado como comentaremos a continuación la comunicación con Barcelona es perfecta.
Nada más dejar las maletas en las habitaciones, sin mucho abrir ya que al día siguiente nos íbamos a Praga, nos dirigimos a recepción para informarnos de los transporte públicos hacia Barcelona. Nos indican que las líneas de autobús 94 y 95 que las podemos coger frente al hotel nos dejarían en la Plaza de Cataluña. Y así fue cogimos una de las líneas anteriores y nos plantamos en la Plaza de Cataluña. A decir verdad que mucho tiempo no teníamos, pero íbamos a aprovecharlo. Dejamos el autobús y cogimos dirección a la Rambla, pasamos por el Liceo, por la Plaza de la Boquería, aquí entramos a ver el mercado, menudos puestos de fruta de todo tipo y condición, entraba todo por los ojos. Hacía mucho calor y como encontramos una heladería, optamos por tomar un batido. Llegamos a Colón y ahi decidimos recorrer la ciudad vieja con todo el esplendor del gótico de Barcelona. Caminamos hasta llegar a la Plaza de la Merce, donde visitamos la iglesia de la Merce. Después nos fuimos hasta la Iglesia de Santa María del Mar, una auténtica preciosidad. Continuamos hacia la plaza de San Jaume, donde vimos el ayuntamiento y el Palacio de la Generalitat. Nuestro siguiente objetivo era visitar la catedral, pero tuvimos que conformarnos con contemplar la fachada, estaba en obras y a esa hora estaba cerrada.
Ya era tarde, sobre las ocho y media y teníamos que planificar la cena. Nos habían recomendado una masía con productos típicos de la comunidad y allí nos fuimos. Cogimos el metro en la Plaza de Cataluña y nos bajamos en la estación de Segrera. Un lugar muy acogedor donde disfutamos con platos totalmente catalanes. Un pan con tomate exquisito, ensaladas,...
Se hacía tarde y cogimos el autobús para que nos llevara al hotel. Como comentabamos antes, la comunicación con este hotel es buena. Y ya a dormir, pues al día siguiente volábamos hacia Praga.
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