El avión salía a las tres menos veinte, con lo que teníamos una mañana tranquila para desayunar y desplazarnos al aeropuerto. No madrugamos como en días anteriores. Sobre las 9 y media estabamos desayunando. Acabamos de orgnizar un poco las maletas y nos dispusimos a realizar el camino inverso a la llegada a Praga.
Compramos en las taquillas de la estación de Namesty Republiky los billetes para trasladarnos al aeropuerto, 26 coronas adultos y 13 coronas menores de 15 años. Viaje cómodo. Dejamos el metro y apenas tuvimos que esperar 15 minutos para coger la linea 100 del autobús que nos llevaría al aeropuerto.
Al llegar al aeropuerto aprovechamos para cambiar las pocas coronas que todavía nos quedaban y nos dirigimos a la linea de facturación de Clickair. Maletas facturadas y a esperar el embarque.
En dos horas estábamos en el aeropuerto del Prat en Barcelona, fenomenal el viaje con que nos deleitó el capitán de la aeronave. Así tendrían que ser todos, sin brusquedades en las bajadas y con suavidad en la toma de tierra.
Al salir y tras recoger las maletas apenas esperamos diez minutos a que llegará el autobus del Hotel Tryp que nos llevó al hotel donde habíamos dejado el coche aparcado.
De aquí ya a casa.
El viaje a Praga había finalizado. Una ciudad tranquila, una ciudad hermosa y una ciudad repleta de historia
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